La vida tiene unas ironías que ni os cuento, queridos. Desde los lejanos días de mi adolescencia que no me pasaba lo que me ha pasado hoy. Pasar una tarde de sábado esperando una llamada, que al final no se ha producido, con la promesa de una velada inolvidable, que tampoco se ha producido, naturalmente. A las nueve me he preparado una ensalada de aguacate, una copa de vino, y he pensado, pillaré la del siglo, pero nadie va a verme hundida. También he pensado que iba a adoptar un perro, y que me iba a cargar a quién yo sé, y que mañana mismo me iba para Venezia donde tengo family y ancestros. Claro, ni adoptaré un perro, ni me cargaré a nadie (aunque se lo merece) ni me iré a Venezia, y menos ahora que no me hablo con mis primas. Mañana me limitaré a pasar la resaca con elegancia (siempre tengo limones en la nevera para estos menesteres, y redoxones en el dispositivo químico). Aunque al final he bebido menos de lo que esperaba porque me he cogido la guía del arte que me regaló Arturo y he decidido que viajaré a Petra y que conoceré centroamérica y qué sé yo... Pero la verdad es que he pasado un sábado sola. No en esa soledad buscada sino en la soledad terrible y triste de quién está sola y se siente sola. Y de quien no quiere estar sola, pero se entretiene masticando un aguacate y bebiendo un rioja, que mira que es triste, sobre todo masticar un aguacate. Y he pensado, me lo cargo, por capullo. Y he pensado luego, me busco otro amante, u otra amante. Pero siempre acabo enamorándome y poniéndome triste y comiendo aguacate. La vida, queridos, tiene unas ironías que ni os cuento.
María la de Venezia no puede ir a Venezia, María, tan segura ella, está a ratos más sola que la una, María, la eficiente sólo sabe prepararse una triste ensalada, María, la divinísima, se ha pasado la noche en pijama y el pelo recogido. María, en fin, queridos míos, no tiene nada que la haga sonreir, al menos hoy. Se ha pasado la noche con una guía en una mano y un pañuelo en la otra, imaginando futuros viajes, sola como siempre, anhelando nuevos amantes que le acaricien la mano mientras planea viajes en compañía. Tantas cosas por dar y tan sola.
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