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Queridos todos, he entrado a cerrar, a dar carpetazo definitivo a este blog abandonado. Si los blogs fuesen como seres vivos este blog sería un perrito de mirada triste abandonado al lado de una carretera mojada por la lluvia. La única culpable, servidora. No entro, no actualizo. Mi natural desordenado, caprichoso, absurdo, pizpireto, me lleva a olvidar pronto cualquier obligación que me impongo. Sólo asumo las obligaciones que conllevan contante y sonante. Ese es mi problema, queridos, mi espíritu se lleva fatal con mi carne. Mientras que mi parte material me hace llenar las bolsas (divina Barcelona este fin de semana, mucho más señora que Madrid, naturalmente, y lo dice una madrileña) mi parte espiritual me lleva a las barricadas. Pero claro, las barricadas y un bolso Hermès pertenecen a esas categorías enfrentadas que yo me empeño en hermanar inútilmente.
Para los que me siguen habitualmente, queridos, ya sabéis que este blog no pretende ganar ningún premio. No podría. Simplemente me planteo que igual mejor cerrar esto, darle la estocadilla definitiva al perro abandonado en la carretera lluviosa. Ya sé que muchos me queréis, me admiráis, os sentís cercanos a mí. Para ello no necesito blogs, me basto y me sobro, queridos. Pero también es cierto que, ahora que tengo el estoque en la mano, no puedo. Soy como la colegiala que no puede disparle a su padrastro. Tanto carácter para qué. Ni terminar con un blog abandonado puedo. Queridos, quien vuelva a dudar de la sensibilidad de María de Venezia no sabe lo que dice.
Así que no sólo no termino. Inesperadamente (inesperadamente para mí... soy tan cambiante....) esto no termina. Aprovecho para desearos feliz año nuevo, queridos todos. Seguid queriéndome, darlings, que yo me dejo.