SONRISA


O risa llana, carcajada. Gracias a mi querida Sofía por sus atenciones, que hablen, querida, que chismorreen cuando vean que nos apartamos y nos partimos de la risa y charlamos hasta las tantas. Qué rabien todos, mediocres y sinvergüenzas, ratas alucinadas. Dos amigas compartiendo es lo más que pueden soportar los mediocres, y menos lo soportan aquellos a quienes el machismo les rompe el alma, si la tienen. Y que rabie tu ex, querida. Que yo era una mala influencia para ti. Figúrate, malísima, acabaste dejándolo. Que rabie él y sus amigos. Pero el mundo es un pañuelo y cuando coincidimos se organiza una fiesta. Me divierte de verdad ahora, no meses atrás. Antes, querida Sofía, eras tan vulnerable y sufrías tanto, que cuando Juanjo y yo comenzábamos a tirarnos puyas y a insultarnos, fingía divertirme pero sufría por ti, porque tu lo pasabas muy mal, porque en el fondo lo amabas todavía, por los niños, y por todo. Pero ahora que ya le has perdido el respeto, que sabes finalmente que no le debes nada, que yo tuve siempre la razón, ahora, cuando llega él y nos apartamos las dos y comenzamos a reirnos descaradamente, lo incomodamos, nos burlamos cínicamente, soy enormemente feliz.



Lo mejor de todo es sentir que mi amiga Sofía sonríe ya, ha dejado atrás su dolor, su angustia, su miedo, su sumisión, su anulación. El otro día, tu y yo, querida mía, subidas en lo alto de la escalera, sentadas en un escalón y muriéndonos de risa, mientras me contabas cosas secretísimas de él, fui especialmente dichosa. Me admiré ante tu cambio. Mientras rabiaba Juanjo y rabiaban sus amigos, mirándonos con odio y criticando nuestras risas, te dije aquello que tanto te sorprendió. Qué rabien todos, mediocres y sinvergüenzas, ratas alucinadas. Qué rabien. Y tú y yo, sigamos riendo. O sonriendo al menos, amiga.

NUEVA

Gracias todos quienes se han preocupado por mi. Una llamada, un mensaje de móvil, un mail... todo eso ayuda, y más cuando viene de gente que la quiere a una, mis queridos todos. Y no sigo porque me pondría a lloriquear y no acostumbro.
De todas las llamadas me emocionó una especialmente. Una chica joven, con la que he tenido mis más y mis menos, más menos que mases, me llama para preguntarme cómo estoy. Dejé escrito que cuando me harto me largo. Y lo hice. Bilbao, New York, Venecia al fin. Oyó comentar que me iba pronto para Alemania, como en las pelis de los sesenta. Y luego otra entrada lamentando de mi soledad de sábado noche. Thanks, mi niña, ya te dije que estoy bien. Fue un mal momento, un momento de angustia y soledad. Pero aquí estoy de vuelta, radiante como siempre, graciosa, fresca (no de frescachona, fresca de natural), divertida, ingeniosa. María la de siempre y como siempre. Una mala noche la tiene cualquiera, una noche de soledad también. Pero una es un Fénix que renace de sus cenizas. Me he gastado un fortunón en ropa y ahora solo espero que haga frío de verdad pronto. Me pondré mis botas, mi abrigo, y saldré a comerme el mundo como siempre he hecho.

Pero quienes penseis que María es siempre esta, id corriendo a la entrada anterior si no la habeis leido. Veréis, veréis. Una tiene su corazón y su sentimiento. Queda apuntado, queridos.

SÁBADO SOLA

La vida tiene unas ironías que ni os cuento, queridos. Desde los lejanos días de mi adolescencia que no me pasaba lo que me ha pasado hoy. Pasar una tarde de sábado esperando una llamada, que al final no se ha producido, con la promesa de una velada inolvidable, que tampoco se ha producido, naturalmente. A las nueve me he preparado una ensalada de aguacate, una copa de vino, y he pensado, pillaré la del siglo, pero nadie va a verme hundida. También he pensado que iba a adoptar un perro, y que me iba a cargar a quién yo sé, y que mañana mismo me iba para Venezia donde tengo family y ancestros. Claro, ni adoptaré un perro, ni me cargaré a nadie (aunque se lo merece) ni me iré a Venezia, y menos ahora que no me hablo con mis primas. Mañana me limitaré a pasar la resaca con elegancia (siempre tengo limones en la nevera para estos menesteres, y redoxones en el dispositivo químico). Aunque al final he bebido menos de lo que esperaba porque me he cogido la guía del arte que me regaló Arturo y he decidido que viajaré a Petra y que conoceré centroamérica y qué sé yo... Pero la verdad es que he pasado un sábado sola. No en esa soledad buscada sino en la soledad terrible y triste de quién está sola y se siente sola. Y de quien no quiere estar sola, pero se entretiene masticando un aguacate y bebiendo un rioja, que mira que es triste, sobre todo masticar un aguacate. Y he pensado, me lo cargo, por capullo. Y he pensado luego, me busco otro amante, u otra amante. Pero siempre acabo enamorándome y poniéndome triste y comiendo aguacate. La vida, queridos, tiene unas ironías que ni os cuento.
María la de Venezia no puede ir a Venezia, María, tan segura ella, está a ratos más sola que la una, María, la eficiente sólo sabe prepararse una triste ensalada, María, la divinísima, se ha pasado la noche en pijama y el pelo recogido. María, en fin, queridos míos, no tiene nada que la haga sonreir, al menos hoy. Se ha pasado la noche con una guía en una mano y un pañuelo en la otra, imaginando futuros viajes, sola como siempre, anhelando nuevos amantes que le acaricien la mano mientras planea viajes en compañía. Tantas cosas por dar y tan sola.

CUANDO ME HARTO, ME LARGO

Sí, cuando me harto cojo el primer avión y desaparezco. Entonces mis amigos comienzan a buscarme, a inundarme con sus mails, a presionarme con sus llamadas. Así me hago la misteriosa, cosa que me encanta, y así de paso desconecto.
Vengo de Nueva York. Por Dios, cuando me da, me da. Segunda vez este año. No podía más, estaba triste, me sentía sola, aburrida, había vuelto a fumar, las cosas con Lucas iban de mal en peor (él no conoce este espacio, que nadie se chive)en fin, desastre total. Y un desastre sólo se cura con una buena copa, en buena compañía, una buena cena y un decorado maravilloso. La Eiffel me vale. También el puente de Rialto, no en vano soy María de Venezia. O el puente Carlos, o cualquier puente siempre que no cruce el Manzanares. O la torre inclinada de Pisa. O un rascacielos de mi Nueva York.

Opté por este último decorado. Así que pillé un avión, me dormí después de ver una infecta de Sandra Bullock (cómo la odio), me desperté con el mono, pero ya en la ciudad eterna (¿es que hay otra?).
Cómo cambia todo. Subir y bajar por la sexta, por la quinta, museos, exposiciones, charlas con mis amigos de allí, excursiones, cenas en un restaurante que es lo más de lo más en Washington. Encuentro casual por la calle con Alli McBeal o como se llame, iba sin el marido, así que no me interesó para nada. De repente casi me atropella un coche negro que llevaba en su interior a... Hillary Clinton!!!!, qué susto y que dicha, morir espachurrada sobre el asfalto neoyorquino ni más ni menos que por el coche oficial de la senadora Clinton.

Por cierto, qué horror, he conocido gente supuestamente inteligente fascinados por la monstrua esa que se llama Sarah Palin, son capaces de ganar, Dios no lo quiera.
Cuando llegué a Barajas, anteayer, unos gritos increibles, dentro del avión. La gente se ha vuelto super sensible, por una turbulencia que ni se nota ya están todos histéricos, repitiendo la letanía de Spanair. Cierto es que los aviones hacen más el tonto ahora que diez años atrás. A la ida falló el tren de aterrizaje, dos horas sobrevolando Kennedy. Al final todo bien, pero una va pensando que la sociedad en lugar de avanzar, va hacia atrás.

La que fue hacia atrás fui yo a mi llegada. De acuerdo que Alli McBeal (o como se llame) es purria. De acuerdo que Hillary no ganó la nominación de los demócratas. Pero siempre serán mejor que la hija de la Campos, la pedorra esa que se ha vuelto bailarina, que fue a quien me encontré frente a frente, seguida de una nube de periodistas tarados (perdona Silvia, mi vida, tú eres la única que se salva). Mis vecinos de avión, que diez minutos antes estaban chillando, se olvidaron del susto y fueron corriendo a buscar un autógrafo de la diva. Yo, dignísima, pasé por su lado, por el lado de Terelu, ninfa del petardeo nacional, y musité, lo suficientemente alto como para que pudiera oirme: ¡Petarda!. Luego me giré y me encontré con la mirada de la ninfa, fija, sorprendida (¿puede ser que exista alguien que no me admire?), ofendida (¿quién será la necia que me ha insultado?). Le guiñé el ojo y me alejé por el pasillo rezando para que no me hubieran perdido la maleta. Incluso cuando insulto lo compenso con un gesto cariñoso.

CASTIÑEIRAS

Gracias a todos los que me habéis escrito para decirme que os gustó mi entrada sobre Paul. Era una entrada con sentimiento, con nostalgia. Normal que os gustara. He decidido ir desgranando aquí fragmentos de mi vida. Sin orden, sin concierto, como a mi me gusta. Respondiendo sólo a mi personal apetencia, a mis caprichos, a mis necesidades afectivas.

"Dime por favor donde no estás
en que lugar puedo no ser tu ausencia
donde puedo vivir sin recordarte,
y donde recordar, sin que me duela"
Gustavo A.Castiñeiras

Con este blog sabré al menos donde sí están mis recuerdos. Con ese sí sabré tambien donde no acudir. (Cuando alguien es sumamente cuidadoso yo le digo "No me seas castiñeiras", nadie lo entiende, una locura más de María de venezia... ahora ya sabéis, los que tenéis el buen gusto de pasaros por aquí, a qué me refiero... Un castiñerias es un pesado, alguien que no se mueve por temor a caerse). El poema de Castiñeiras es malo con ganas, sólo salvo los primeros cuatro versos, tan naif el tono. Cuando hice el ridículo espantoso persiguiendo a Paul Newman mandé a la porra a Castiñeiras sin saberlo. Ahora lo recuerdo y me digo, qué cielo eres, María, que ridícula estuviste ese día, pero qué cielo eres.