CUANDO ME HARTO, ME LARGO

Sí, cuando me harto cojo el primer avión y desaparezco. Entonces mis amigos comienzan a buscarme, a inundarme con sus mails, a presionarme con sus llamadas. Así me hago la misteriosa, cosa que me encanta, y así de paso desconecto.
Vengo de Nueva York. Por Dios, cuando me da, me da. Segunda vez este año. No podía más, estaba triste, me sentía sola, aburrida, había vuelto a fumar, las cosas con Lucas iban de mal en peor (él no conoce este espacio, que nadie se chive)en fin, desastre total. Y un desastre sólo se cura con una buena copa, en buena compañía, una buena cena y un decorado maravilloso. La Eiffel me vale. También el puente de Rialto, no en vano soy María de Venezia. O el puente Carlos, o cualquier puente siempre que no cruce el Manzanares. O la torre inclinada de Pisa. O un rascacielos de mi Nueva York.

Opté por este último decorado. Así que pillé un avión, me dormí después de ver una infecta de Sandra Bullock (cómo la odio), me desperté con el mono, pero ya en la ciudad eterna (¿es que hay otra?).
Cómo cambia todo. Subir y bajar por la sexta, por la quinta, museos, exposiciones, charlas con mis amigos de allí, excursiones, cenas en un restaurante que es lo más de lo más en Washington. Encuentro casual por la calle con Alli McBeal o como se llame, iba sin el marido, así que no me interesó para nada. De repente casi me atropella un coche negro que llevaba en su interior a... Hillary Clinton!!!!, qué susto y que dicha, morir espachurrada sobre el asfalto neoyorquino ni más ni menos que por el coche oficial de la senadora Clinton.

Por cierto, qué horror, he conocido gente supuestamente inteligente fascinados por la monstrua esa que se llama Sarah Palin, son capaces de ganar, Dios no lo quiera.
Cuando llegué a Barajas, anteayer, unos gritos increibles, dentro del avión. La gente se ha vuelto super sensible, por una turbulencia que ni se nota ya están todos histéricos, repitiendo la letanía de Spanair. Cierto es que los aviones hacen más el tonto ahora que diez años atrás. A la ida falló el tren de aterrizaje, dos horas sobrevolando Kennedy. Al final todo bien, pero una va pensando que la sociedad en lugar de avanzar, va hacia atrás.

La que fue hacia atrás fui yo a mi llegada. De acuerdo que Alli McBeal (o como se llame) es purria. De acuerdo que Hillary no ganó la nominación de los demócratas. Pero siempre serán mejor que la hija de la Campos, la pedorra esa que se ha vuelto bailarina, que fue a quien me encontré frente a frente, seguida de una nube de periodistas tarados (perdona Silvia, mi vida, tú eres la única que se salva). Mis vecinos de avión, que diez minutos antes estaban chillando, se olvidaron del susto y fueron corriendo a buscar un autógrafo de la diva. Yo, dignísima, pasé por su lado, por el lado de Terelu, ninfa del petardeo nacional, y musité, lo suficientemente alto como para que pudiera oirme: ¡Petarda!. Luego me giré y me encontré con la mirada de la ninfa, fija, sorprendida (¿puede ser que exista alguien que no me admire?), ofendida (¿quién será la necia que me ha insultado?). Le guiñé el ojo y me alejé por el pasillo rezando para que no me hubieran perdido la maleta. Incluso cuando insulto lo compenso con un gesto cariñoso.

2 comentarios:

NWO Observer dijo...

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María dijo...

¡No acepto comentarios, darling!